Nifllehim, el Hogar de la Niebla
Todo empezó aquí mismo hace muchísimo tiempo, me ha costado reconocer el lugar, pero sin duda que era aquí, ahora si, distingo perfectamente el relieve y el cráter. Quizás sepas quien soy, por que en todo este tiempo me he acercado mucho a ti, he merodeado por tus sueños, he bebido la sangre de tus ancestros, te he hecho sufrir, me he aprovechado de tu cuerpo y sanado las heridas de tu alma, he vivido y convivido contigo mas de lo que tu te crees. El cielo esta blanco, nieva copiosamente, los copos amortiguan el sonido del silencio. Hace frío, siento como el alma se me hiela y como la nieve sobre mi piel se acomoda. Hoy es 20 de Febrero de 2012. He conectado la maquina esta para que grave y quede constancia de mi historia, de lo que te voy a contar. Estoy desnudo, el frío me corta la piel como si fuese una explosión y miles de cristales me traspasasen a la vez, Dolor? si, pero se que hay un dolor mucho mas intenso. Noto los ojos brillantes que en la oscuridad me espían, me vigilan, me acechan. Los lobos esperan la hora para darse un festín, que ingenuos, que tiemblen ellos, la muerte me espera. Jajajaja la muerte, cuantas veces me ha tenido en sus brazos y cuantas veces me ha repudiado. He intentado ser su hijo más fiel pero una y otra vez me desprecia, me expulsa de su seno. Mañana a estas horas 21-02-2012, la conjunción planetaria me mirara de frente y me arrastrara hacia ella como hace 11.011 años me vomito a este lugar, no se si solo será mi final o será el final para todo lo conocido, ya queda poco pronto saldremos de dudas. Sabes el dolor que produce renacer? Yo si, cada vez que muero en un tiempo vuelvo a la vida, cada 18 o 20 años con una gran conjunción, mis carnes se rasgan, se abren y mis células se reconstruyen, vuelven a renacer, maduran, vuelvo a ser yo, con experiencia nueva. He aprendido a convivir con el, a mitigarlo, a buscar soluciones, a esquivarlo, ya me iras conociendo. Recuerdo la primera vez como si fuese ahora mismo, el día que nací, ahora se que fueron y puedo poner nombre a aquellas sensaciones que sentí, podría decirse que asistí a mi propio nacimiento y recuerdo como si no hubiese pasado el tiempo esos primeros momentos. He matado, violado, arrasado, curado, ayudado, he causado dolor, me lo han causado a mí, pero como aquel primer día, nunca he sentido nada tan intenso. Sentí dolor, sentí como la carne se abría, como el cuchillo afilado la separaba y unas manos con fuerza la rasgaban, volví a sentir dolor cuando otras manos me atraparon y tiraron de mí sacándome de mi calido y agradable refugio a la oscura e inapetente noche. El frío era intenso como hoy aunque a mi alrededor se veía fuego, desde lo alto de unos brazos vi, como una bóveda de cañón invertida humeaba y terminaba en un gran cráter que ardía, note el calor que desprendía, a la vez que el frío helador me traspasaba, estaba desnudo como lo estoy hoy. Escuche un murmullo de voces que quería entender, es niño dijo alguien, y colgó de mi cuello un pesado objeto, la chusma estaba encolerizada, presentí el odio, la envidia, la ira, la lujuria, la avaricia, la soberbia, el amor, débil pero amor al fin y al cabo y algún otro sentimiento que aun no he querido reconocer. Veinticinco o treinta personas, discutían, gritaban, forcejeaban, lloraban, reían. Me volvieron a bajar, sentí que unos brazos, débiles, me apretaban amorosamente contra su pecho y me protegían, saboreé la sangre por primera vez, la sangre del vientre abierto de mi madre. Las voces subían de tono y se acercaban amenazantes, acorralándome, acorralándonos. Vi brillar metales, alguien delante de mí, el que me había aupado y colgado el collar, intentaba parar esa procesión rabiosa, sedienta, forcejeaban, cayo a nuestros pies, su mirada era de impotencia, de despedida, en su mano alargada pude ver tatuada una serpiente que se mordía la cola formando un 8. Pasaron por encima pisando a ese ser que gemía de impotencia se abalanzaron contra los brazos que me protegían, entendí que me querían sacrificar, ofrecerme al Dios de esas tierras. Mi madre había muerto, nací de una muerta, que no pudo defenderme, tenía hambre, mi instinto me hizo buscar ansioso unas ubres llenas de leche, unas tetas muertas que no me alimentaron y lo próximo que presentí fue mi propia muerte. Muerte Jajajaja siempre a mi lado, siempre conmigo. Me elevaron por encima de las cabezas y vi unas alas blancas silenciosas, batían en la negrura de la noche, solo un reflejo rojizo rompía esa monotonía, ese cuadro incoloro, enormes, que se acercaban. El metal brillante se aproximaba a mi cuello, la mano que lo empuñaba, temblaba, dudaba, se veía en la hoja el resplandor lejano, las llamas, danzaban silenciosas mi ritual de muerte. Estaba hipnotizado ante ese fragor, ese albedrío de formas y colores que el fuego a veces inconscientemente forma para engatusar a los incautos. El portador de la daga tenia unos extraños tatuajes, vi el de la mano derecha, un triangulo con un ojo abierto dentro y su cuerpo iba envuelto en una tunica blanca. Una letanía repetitiva, hipnótica envolvía la noche, todos se balanceaban a su ritmo, todos respondían al de la tunica. Un horrible dolor me atravesó, no sabía donde me dolía, era tan intenso que se esparció por todo el cuerpo, note un líquido caliente que brotaba de mí y que corría por mi piel, espeso, resbalando de forma lenta. Me iba, perdía el contacto de las manos del que intuí sacerdote, la sombra blanca, brillante, descendía con sus alas imponentes extendidas, que abarcaban todo mi horizonte, me elevaba, en silencio, frágil, liviano. Las alas batían sobre mí aligerando el viento, silenciosas, tirando hacia arriba más y mas, el dolor se hizo soportable y vi las garras que se habían clavado en mi cuerpo. Un gran búho me elevaba, me alejaba. Desde arriba pude ver la destrucción, la desolación que había quedado, y el fuego que avanzaba como una marea brillante sobre la masa oscura. Abajo la gente que quería sacrificarme miraba silenciosa mi partida, desconcertada, contrariada. En el horizonte empezaba a verse una línea mas clara y yo empezaba a dejarme ir. Ya no sentía, ya no oía, ya no veía, un zumbido suave cortando el viento helador y una música metálica que se hacia fuerte, resonaba en mi, estridente, acompasada y machacona. Sentía como la vida me abandonaba, como la música me golpeaba rabiosa y tiraba de mí hacia abajo. Y empezó una caída veloz, decencia a una gran velocidad, abrí los ojos en un último esfuerzo y vi la tierra acercarse a mí, el búho me precedía raudo y ya empezaba a subir arrastrando con sus garras un pesado carnero. Cruce mi mirada con la suya, un instante en el que me sobro tiempo para descubrir sus pensamientos, su esencia, un don que me ha acompañado en toda mi existencia, Shibumi lo llaman ahora. Sin duda el era mejor bocado que yo, mas carne, eso es lo que pensaba el ave, el mismo esfuerzo mas comida. Lo que no supe es si fue una casualidad o simplemente alguien decidió que no era mi hora. Aunque seguía cayendo y vi el final próximo, las rocas se alineaban en lascas surgidas de la tierra, verticales, como dientes de unas grandes fauces que ansiaban devorarme...


2 comentarios:
yo se que algun dia, al regresar y cruzarnos por la calle,
con solo tener un leve roce, una minima mirada, sabremos que somos nosotros, que volveremos a estar juntos, que todo volvera...aunque hayan pasado siglos...
hola señor...
me agradan sus escritos, ya lo sabe, aunque siempre me sorprende con los rumbos tan diversos de ellos...
le mando muchos saluditos
"adiosito" señor
maria luisa creo que en la medida de lo posible hay que hacer malabarismos que la vista no sepa, lo que detecta el oido, que el olfato se vea sorprendido antes de probar el bocado. En definitiva seguir adelante :))
Pues si, me toca a mi decir adiosito :))
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