Me cuesta pasar por aquí y no quedarme, podría decirse que me gusta más ver como el final del tren empequeñece que ver como la estación se aleja. Pasó el tiempo de los viajes con final, de maletas desechas al pie de la estación.
Amaneció frío y gris como los días anteriores, las nieblas habían subido, despejando paisajes y ocultando el sol, el viento helador interrumpía palabras que quedaban colgadas, salpicadas de vaho. Ente los pilares de fundición a lo lejos se recortaba turbia, una silueta, oscura, parada, alternaba su mirada a la bolsa de viaje que descansaba sobre las ajadas baldosas y al decrepito reloj jubilado que colgaba sobre la puerta del jefe de estación. El segundero delgado y enorme, cansino, se afanaba en seguir la estela de los números romanos que la demacrada circunferencia sostenía.
Al acercarme, presentía el azoramiento en sus movimientos torpes, los guantes no encajaban en las manos que tantas veces los habían portado. Contemple largamente ese momento, entre cuerpos anónimos, que ocultaban o aireaban el abrigo rojo que mantenía unida mi visual mientras los últimos viajeros abandonaban el frío anden, se oían a lo lejos las risas, los halagos, palabras de recibimiento, de bienvenida como un rumor que se alejaba rítmico. Quedamos solos, yo miraba, ella permanecía ausente. Pensé si aproximarme y romper ese mágico momento de indiferencia, de distancia. La manecilla incansable ajena al viento continuaba su caminar que ahora me parecía más ligero, más veloz. Mis pasos me acercaron a ella que continuaba inmóvil, su aroma la precedía, ese olor mezcla de perfume exquisito y juventud sin usar. Las solapas levantadas del abrigo me impedían ver su rostro, solo los borbotones de vaho que su henchido pecho empujaba a sus labios me decía que no era un maniquí puesto ahí para distraer a los viajeros. Los labios los recordaba finos, esbeltos, delicados, rojos, y ahora parecían henchidos, golosos, con un leve tono púrpura, no hacia tanto que los había mordido, devorado. Mónica siempre me sorprendía llegando estas fechas, pero no la consideraba tan osada como para haber cambiado sus facciones sin decírmelo. El abrigo, lo conocía, los zapatos también, incluso las medias envolvían unas piernas como las suyas. Empecé a vislumbrar su rostro azorado, pese al frío sus mejillas lucían un acaloramiento discreto. Eran jóvenes sin duda como ella, el pelo castaño claro, también me era familiar y los ojos almendrados marrones retenían una mirada llena de vida. Me puse frente a ella, levante levemente su barbilla con mi mano y la contemple en silencio, la admire, nuestro vaho se entremezclo sirviendo de carta de presentación. Las palabras se amontonaban silenciosas en su garganta mientras sus ojos dicharacheros no callaban. No era ella, su aspecto, su constitución, su pelo, incluso su juventud eran iguales, pero no era ella. Debió notar mi gesto de contrariedad por que empezó a balbucear a exhalar vaho en exceso y sonrojarse pese al frío. Escuche una risita que si que me era familiar, conocida, grata, me gire y vi a cuatro mas con abrigos rojos, entraban al anden por la puerta del jardín, los zapatos, las medias, el pelo castaño, la misma juventud, el mismo olor a fresco. Mónica se adelanto exprimía una sonrisa contagiosa que se licuaba en el rostro de las otras, se parecían, el maquillaje, la ropa, cinco iguales, diferentes pero iguales. Se había superado esta vez. No salía de mi asombro, se acerco, esperó mi consentimiento para besar mis labios. Perdone la broma Señor, susurro, nosotras llegamos en el tren anterior lo echamos a suertes y a ella le toco venir en este, no sea duro con ella. Que le parecen mis compañeras de la uni? Hablaba como siempre, demasiado, el nerviosismo le causaba ese efecto. Así que supe que evaluaba mi reacción. Estaba animado, el frío, la niebla, hacia que me sintiese bien y no me apetecía enfadarme, había pensado en un finde a solas con ella y eso se había truncado, pero algo me decía que habría otras oportunidades. Que saben de lo nuestro? pregunte. Poco, solo que de vez en cuando nos vemos. Así que hay que disimular? No, no, las he convencido del juego, todas le trataran de Usted y serán cariñosas si es necesario. Saltaron las risitas de nuevo. Me fue presentando una a una a la vez que hacían una graciosa genuflexión y abrían la solapa del abrigo mostrando un pecho desnudo. Pensé en las horas que habría tardado en urdir ese plan y convencerlas para hacer lo que estaban haciendo, me sentí satisfecho. Entramos en el bar de la estación, Julián mantenía su adusta postura, miraba desde la barra por la ventana los trenes que desaparecían rumbo sur. Su sonrisa falta, surcaba la cara en una mueca que había quedado esculpida por el paso del tiempo. No era mala persona, demasiado bueno diría yo, se mantenía en su puesto en días incluso como este, que hasta el viento buscaba refugio. Al fondo, junto a la mesa redonda habían quedado las maletas, y el rastro de varias rondas que ya habían tomado, el brillo de sus ojos tomo ahora consciencia. Pidieron caldo caliente para todos y cinco chupitos, estrechos y altos con vodka cuatro tenia un dedo y el quinto lleno hasta arriba, los igualaron con agua y mezclaron los vasos. El camarero seguía absorto en un paisaje lejano, en un tren que partió un día y no regreso, Mónica y sus amigas fueron desabrochando el abrigo y mostrando su cuerpo desnudo, el liguero y las medias negras rompían la monotonía de la carne, aderezándola, salpimentando sus cuerpo. Blanca, la mas sensual de todas, irradiaba lujuria, pecado, saco unos tampax del bolso e introdujo uno en cada vaso, vi como absorbían el liquido, inflándose, duplicando su volumen. Separaron las piernas mostrando sus desiguales coños y cada una introdujo en el suyo, el que tenía en el vaso delante. Mónica me miraba y reía, slimming, la ruleta rusa, decía. Después de los chupitos de antes una quedara fuera de juego. Miraba asombrado, los cuerpos desnudos, apetecibles, sus miradas despreocupadas, provocativas. No entendía las prisas por comerse un mundo que seguramente se les atragantaría, es lo que había y no pretendía cambiar nada en ese momento, fueron unos días plenos, unos días que quedan en mi recuerdo como otros tantos, otros que nunca subieron a ningún tren...
8 comentarios:
Posso dizer que é prazeroso "viajar" neste trem que descreveu.
E que esta mulher, a monica, é sensual e provocativa, inclusive provocando nossa imaginação...
Delícia este relato.
FELIZ 2012!!!
Beijos carinhosos,
ÍsisdoJUN
hola señor...
gracias por escribir
gracias por estar de vuelta
gracias por dejarnos "sentir"
bienvenido señor, otra vez
"adiosito"
p.d. lo hechaba de menos
Buenas dias Señor Daryus..
Gracias por su comento ..es que no se que pasa..a ves me pasa igual no me deja comentar..pero esta todo bien..
Un abrazo y feliz dia...
Gracias señor
lo extrañaba
gracias por volver
si me lo permite: besos...
Lo es ÍsisdoJUN, un poco que pone ella y otro poco que le arranco, buen final asegurado . Un beso
Lo se maria luisa, y parece que si, que he llegtado ;)) ya veremos cuanto tiempo, pero eso ya llegara. Un besito sabes que me hace reir :))
Hola luna, ya descubri tu secreto :)) bueno mas bien el operativo de tu lugar. Un beso feliz semana
Hola NOELIA VLAD WOLFF, te lo permito. Me gusta tu imagen, moira, inquietante, escalofriante y sexualmente misteriosa. Te identifica? Un beso
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