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....qué vine a hacer en este mundo?


Podría ser una de esas historias que se quedan en el cajón sin publicar, de las que nos parecen faltas de interés, aunque también podría ser algo insignificante orquestado por mi calenturienta imaginación, podría ser tantas cosas, que ya no se si considerarla real o no.
Era la primera vez que contemplaba esa mirada triste, al principio paso inadvertida, casi ni me daba cuenta que existía, algo que debió ser una tónica en su vida según me dijo mas tarde salvo por un capricho de la genética y el destino que deparo en ella un sin vivir asfixiante hasta que de alguna manera pudo huir, mejor dicho la sacaron en volandas de allí. Se dejaba ver lo justo, se escabullía entre la maraña de gente que soportaba en sus manos un delicado cristal que llenaban prestos camareros uniformados, charlaban, veían y se dejaban ver, nos dejábamos ver, envueltos en ese halo de grandeza, de fingida preocupación, con caras ropas que estos acontecimientos para recaudar fondos requieren . Tras esa mirada, gris, un gris como la ceniza que deja un sarmiento consumido por la llama con prisa, una vida demasiado joven acelerada hasta acabarla antes de comenzarla, se escondía una cara blanca, demasiado blanca con facciones anchas, demasiado anchas para ese diminuto cuerpo. Un ensortijado cabello rubio, demasiado rubio, intentaba dar gracia, hacer armónico ese rostro que de lejos se sabía una falsificación burda. Desentonaba en el ambiente aunque se apreciaba en ella ese saber estar de las personas que han acudido a lugares como este infinidad de veces, le daba a todo su conjunto una aire de feria, de exhibición, nadie en ningún momento la mostró, ni presento, tan solo se movía, danzaba a veces, se escabullía otras. El color estridente de sus ropas la delataban en esos saltos de gacela asustada que daba, camuflándose tras las personas, intuyendo las que en ningún momento la incordiarían con preguntas estériles, con conversaciones vacías, sonrisas de cobrar presa. Demasiado interesado ya, con la curiosidad desbordada por esa criatura simpática, comencé un juego, yo era el cazador, ella la cazada. Dejaba que me acercase lo suficiente para que oliese su miedo y acto seguido se desvanecía ante mis propios ojos, dejaba que rozase levemente su gruesa piel y me impregnase de parte de su ser, de su historia, de sus ancestros y me evitaba con el vaho de su aliento. Jugamos, hasta que deje de prestarle atención, me arrincone, ausente frente a un mural de arquitectura tosca, una sabana atardeciendo que se perdía en un horizonte rojizo. Perdí el interés por ella, y fue cuando ella lo retomo por mí, yo me evadía y ella correteaba en pos mío, me adentraba en ese horizonte y ella simulaba ser mi guía. Encajaba allí, en esa luz tenue de atardecer, más que aquí en esta noche de lujo, el cuadro era mas ella que la reunión, ese trozo de África le sentaba bien. Me saludo, tímida, su voz ligera rebotaba en la pared con un tono quebradizo, como un vaso lanzado y esperando su regreso hecho añicos. Se acerco mas, el susurro tomaba forma, su voz engordaba, atraía de una forma magnética, se disipaba tan rápido como había crecido, volvía el silencio, el arrullo quebradizo. Su silueta recortada por un foco de atrás, quedaba proyectada en ese paisaje tan suyo, su tez blanca se perdía ahora tomando su verdadero color, su caracoleado pelo se erguía en su cabeza, quedaba a caballo entre dos ambientes que parecían estarle a medida y ninguno de los dos era el suyo. Me parecía tan frágil cuando la sentía a mi lado, me parecía tan fuerte cuando veía su sombra, que mi cara adquirió una mascara de perplejidad, y estaba tan ausente que no notaba como su delicada mano intentaba coger la mía y me arrastraba hasta unos sillones apartados del ruido, de la gente. Me deje llevar como se deja llevar el que cede su control a un ángel, su piel pálida parecía resplandecer, reflejar toda la luz de la sala, su pelo rubio casi blanco se mecía como la nieve cayendo en los raros días que coincide con el sol. Habló sin prisa, de forma pausada, me hablo de su pasado, de su pueblo, de su niñez, de como al principio su madre la escondía, la mantenía al margen de todos, como un espíritu que vaga sin que nadie le preste atención, sin que nadie sepa que existe, me hablo de lo duro que es ser albino, y mujer en África. Me recito, como un juglar una historia de una mujer negra, blanca, en medio de todos negros, diferente a todos. De la repulsa de la tribu hacia su madre, de como su padre intento venderla a unos desalmados para que la violasen por que creían que era la cura del sida. De como su vecino, un cazador de albinos, negocio emergente y prospero, quiso desmembrarla en vida por que así sus miembros tendrían mejores cualidades, serian muchísimo mas potentes, para esos conjuros de magia negra, para esos rituales sin sentido. Me sentí triste ante esa niña mujer, que había madurado antes de tiempo, había huido lo indecible, sin encontrar refugio en ningún sitio. Colmo de males según sus creencias, hija de una promiscua madre los menos creyentes, hija de la luna. Que grande y bello territorio los Grandes Lagos para una cultura tan triste, tan despiadada. Me abrace a ella queriendo en ese gesto lavar toda su amargura pasada, la abrace, sin mas para que sintiese mi calor y mi indiferencia ante el color de su piel, para mostrarle que por lo menos para mi no era diferente, algo que ella ya de sobra sabia, pero me pareció el único gesto capaz de intentar compensar parte de su pasado.


En recuerdo de una mujer valiente; Vicky Ntetema.- Under the Same Sun

9 comentarios:

algamarina

Exquisito Daryus!

Admiro el poder y la cadencia de sus relatos, que multiplican sensaciones y sentimientos!

Reciba mis saludos con un beso...

Daryus

Las visitas y los comentarios son los que hacen que esos recuerdos broten, que esas palabras se junten y tengan significado. Besitos

Daryus

Tattourouge, me ha encantado el sello y mas por venir de tan lejos pero sabes que Babilonia no necesita premios. Yo no soy Babilonia y lo acepto con muchisimo gusto y placer. La amistad es un valor que hay que cultivar, que hay que mantener, mas allá de los medios, de las distancias. En un necio el que pone barreras a la amistad. Besitos

magnolia

Sabemos que Babilonia no recibe premios, pero aún así nos acercamos a compartirlo con Usted.
Que redacción más triste y cruda, altera los sentidos.
Un cordial saludo.

Daryus

La realidad nos supera casi siempre magnolia , y si, salio un poco triste, era neceario, ademas el otoño empieza, tiempo de melancolia. Un besito

elenna

Siempre es un placer llegar aquí y perderse en sus letras.

Un besito Señor :)

Daryus

Siempre es un placer recibirte y acompañarte en ellas ;)) Besitos

Anónimo

los hijos (as) de la luna...

en verdad una historia triste, pero mas que eso, es un manifiesto de la gran estupidez humana, de la ignorancia, a lo que la irracionalidad de muchas personas les permite llegar...

gracias señor...por hacernos reflexionar un poco...

maria luisa

Daryus

Era triste si, incluso antes de escribirla, era triste maria luisa cuando la vi la primera vez y seguira siendo triste hasta dejemos de ignorarnos a nosotros mismos. Besitos :))