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El día que no utilicé la invitación de Pippa


Recibí la invitación sin inmutarme, como el acto más cotidiano, llevaba días escuchando por todos los lados, que el gran enlace seria un acontecimiento excelso. Lo escuchaba mientras sentado en un sillón chester en el club, Arthur mi barman preferido exprimía con exquisita delicadeza el limón sobre la ginebra en vaso corto con hielo. Lo escuchaba bajo la sombrilla junto a la pista de tenis, concentrado en contar las veces que la bola se balanceaba por el canto de la red como un pirata por la tabla en su ultimo paseo, mientras, veía como el sudor se perlaba coqueto y descendía por el vertiginoso escote de Judith que ni con los esfuerzos que hacia elevando su diminuta falda mostrándome su lindo trasero era capaz de callar. Incluso tumbado en el impoluto y virginal colchón blanco, bajo el dosel, también inmaculado de gasa, que danzaba con la suavidad de la brisa en la terraza frente al mar al atardecer, el día que me escape a la isla poniendo tierra y censura de por medio. No fue así, el chill out sonaba tenue, ligero, sosegado, caliente; pero la voz chirriante de la sílfide rubia alemana que tenia tumbada a mi lado lanzaba contra su iphone de última generación comentando el evento, parecía alicatarlo, dotarlo de una higiene poco recomendable para las burbujas de champagne que subían perfectas en nuestras copas. Fueron días de agobio a mi alrededor, de huidas, de regresos, de prisas sin sentido, de carreras sin salida, buscando una meta, un premio, alguien que fuese portador de tan estimada tarjeta, de querer estar en todos los acontecimientos y saraos buscando, y mi silencio se alargaba cobarde, disoluto y esquivo. Disfrutaba viendo esas neuras, esos ataques de nervios descontrolados, ese histerismo que se hacia colectivo, esas ansias de las féminas que me acompañaban últimamente, y sonreía de forma sibilina pensando en sus vaivenes y sin sospechar que yo tenia una y que podía llevar acompañante. Los días salían húmedos como casi todos últimamente aunque pronosticaban sol y buen tiempo para ese fin de semana, mi chaqué colgaba inmaculado, el gris perla del chaleco igualaba en brillo a la chistera. Todo preparado para mi inminente viaje y aun no había decidido mi acompañante, aun quedaba tiempo, tiempo que no estaba dispuesto a aguantar escuchando sandeces. Quien seria la afortunada? Candidatas sobraban, tanta vida social últimamente lo acreditaba y mas por lo restringido del acontecimiento. Pensaba en organizar algún acto convocando a varias que me demostrasen sus habilidades, y la triunfadora seria mi acompañante, niñas o maduras ya, bien o de fingida posición, hasta donde estarían dispuestas a llegar por dejarse ver? Una curiosidad que empezaba a hacerse tangible. Pero también pensaba en la sencillez de rosa, en su delicada ausencia cuando con devoción arreglaba mis uñas en esas sesiones prolongadas de manicura, en esa admiración hacia mis fuertes manos que no podía ocultar. En su rubor cuando la descubría con su mirada perdida mientras se afanaba en sacar brillo a las ya brillantes uñas. En su gesto, arrodillada, sentada sobre sus talones, desechando el taburete para ofrecer más dedicación a su cometido, a mí. Y no dejaba de pensar en el enfado que tomarían unas al enterarse a quien había llevado, ninguna de ellas, ninguna a quien poder odiar en directo, con medida elocuencia, y en la otra, en su incomodidad manifiesta en un evento que seguro se le quedaba grande. Y las dos cosas me excitaban, me aupaban en una nube de placer continuado. Deseche las peleas en barro, los tirones de pelo, el concurso de camisetas mojadas, la tienta y disfrute de sus agujeros que ya había poseído otras veces de estas arpías que suelen ser muy sumisas cuando se las requiere y me decante por rosa, por su juventud, por su belleza sin domesticar. Le pregunte por el tiempo y escuche su voz por primera vez, entrecortada, como si se hubiese quebrado la paz en su interior, tropezó con las palabras, que se mantenían opacas, frenadas a borbotones. Sonreí con maldad, la verdad, y disfrute de su azoramiento, la invite a comer, invitación que rechazo con simpatía y decisión, lo normal hubiese sido que desistiese con una vez basta, pero hay personas que se merecen una segunda oportunidad e insistí, no lo esperaba y se sorprendió, no espere a que fuese consciente, y sabiendo su horario la cite en un lugar y a una hora, categórico, sin esperar respuesta volví a dejar que jugase con mis manos. Me despedí como todos los días, quizás mi sonrisa se inclinaba un poco hacia el lado derecho. A la hora apareció puntual, mirada baja, el pelo moreno le caía lacio, el vestido vaporoso de cuadros Vichy negro y blanco dejaba sus hombros al aire, parecía colgado en un difícil equilibrio de sus pechos. En el cuello un pañuelo anudado amarillo rompía la monotonía del vestido, guapa. No me dio tiempo a ver sus zapatos, su frente alto llamaba más mi atención. La mantuve un rato de pie frente a mi mientras la admiraba, en silencio, alargue ese momento a propósito, sentía su incomodidad al ser contemplada, evaluada, le gustó. Me levante, salude, retire la silla y le ayude para que se sentase. Esa misma noche lamió mis pies, los beso, los arreglo, los cuido y hablamos de libros, de películas, con franqueza, de tu a tu, sentados a la misma altura en el sofá. Probamos la horizontalidad de dos cuerpos, las lenguas salieron con mesura, rozando los lóbulos de las orejas, la nuca, su escote, mi espalda, los gemidos sonaban a mar, los suspiros a viento, las caricias quemaban como la arena del desierto, no hubo cumbre que no escaláramos, y al terminar la noche entre títulos y reconocimientos, miro el suelo, miro el alto y decidió que su lugar era el suelo, se despidió para siempre del cómodo sofá. Me impacto su educación, sus mimos, sus cuidados, sus estudios y no tuve tiempo para elucubrar sobre su pasado, ni su presente, solo de su futuro. Ella, sin dudas ya, seria la elegida para acompañarme. Compramos ropa adecuada, calzado adecuado, ojeras adecuadas, me hizo la maleta con esmero y partimos el sábado temprano. En el hotel antes de vestirnos y para que brillase su mirada, acaricie con severidad su culo, apoyada sobre mi regazo junto a mi camisa blanca, el calor emanaba de la nalga derecha, roja, quemaba, su olor subía, la notaba, animal, bestia, y en el suelo a cuatro patas, entré en ella sin prisa. La cabalgué, a ratos subía mis rodillas en sus pantorrillas, se quejaba, aguantaba, notaba el calor de una nalga en el envite y lo hacia desde el otro lado y notaba su frescura, su piel contra mi piel, se restregaba, me hablaba. Los jugos escurrían entre sus piernas, empapaban mis huevos, mi camisa, me derrumbé sobre ella y espere en esa postura, en esa caricia consentida. La blancura de la prenda quedo profanada por mi propia esencia, por sus olor, se impregnaron los sabores, la lamió con devoción pero ni aun así consiguió su impoluta boca restablecerla a su estado anterior. Me vestí raudo buscando un lugar donde comprar otra, no había tiempo de lavarla, encontré unos grandes almacenes por supuesto ingleses donde había una en sastrería, me la probé y me estaba bien. Me reí en el probador, me reí tanto que la llame por teléfono y pregunte si se había vestido, contesto con un si, tenue, estaba lista. La cite allí en el probador y espere a que viniese a desabotonarme la camisa, llego rauda y tardo mucho en quitar los botones y ponerlos de nuevo, bajo su vestido de tafetán berenjena con crujidos que sonaban a disfrute, la piel delicada aun exhumaba calor, mi calor. Vestidos de gala comimos fish a chips sentados en un banco de un parque, disfrutando del día riendo y felices.


9 comentarios:

Anónimo

bello relato señor...
me encanta la forma, la descripcion, la narracion, los detalles, esos detalles que lo hacen unico...
pero usted sabe lo que mas me gusta de estos relatos, el disfrute uno a uno, su participacion en el, la primera persona...

"adiosito" señor, buen fin de semana

angzalais

Preciosos pechos sin desmerecer el relato por supuesto :)

Saludos tras los descansos estivales

algamarina

Excelente, exquisito, excitante!

La magia estaba presente, la magia de lo inocente, de lo sorprendente, de lo impactante y de lo decididamente delicioso del escritor!

Mis respetos...

laprincesa{Celta}

¿Que me ha provocado? pues un cosquilleo que me recorre de arriba a abajo y una sonrisa, una amplia y tierna sonrisa.

Ya volví, mas cansada que descansada, pero en fín...y...bueno...esto...ya sé que Babilonia está fuera de los circuitos como me dijo una vez a propósito de un premio, pero...lo siento, este quiero compartirlo (me va a matar,jaja), sólo es eso, un detalle, una mención por mi parte porque creo que lo merece,tanto el lugar como quien lo habita y porque siempre me he sentido muy agusto entre sus muros.
Ala, ya lo he soltao...Un saludo y un beso.

laprincesa{Celta}

Ahhhhh, no me olvido del relato, lo tengo pendiente y cumpliré...

Daryus

Tu que me lees bien maria luisa ;)) aunuqe tienes razon en una cosa el disfrute siempre queda. Besitos

Daryus

Tienes razon angzalais, muy palpables, ambas cosas digo. Un saludo, no se si otoñal, por lo menos hoy no.

Daryus

Hay que hacer frente a las adversidades algamarina y de una situacion que podriamos definir como frenetica, hacerla satisfactoria. Lo peor lo huecos que dejamos en el pulcro salon. Besos

Daryus

Mientras produzca algo no esta mal y si es una sonrisa por muy tierna que sea mejor laprincesa{Celta}. Me ha gustado mas lo del cosquilleo besitos saludos a tu Señor.

P.D. Lo del premio, te matare pero a trocitos para que dures ;)) lo agradezco de corazon, de verdad que me hace ilusion recibirlo, un detalle por tu parte