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Desvaríos


Se me daba también hacer cualquier cosa que nunca quise hacer nada importante. A veces me quedaba parado mirando el horizonte y mis manos comenzaban a dibujar, el aire tomaba forma, el suelo se confundía con estrellas caídas, y emergía de allí una luz que servia de guía. Las imágenes se sucedían, se apilaban, se amontonaban en lienzos que se rasgaban por el peso de esos sentimientos que se confundían con los colores que emanaban de mi paleta. Las lágrimas florecían, su olor cambiaba de posición y el reflejo de la sal se perdía en un desierto ardiente. Otras veces solo me adormecía y trotaban caballos desbocados, abrían mi pecho en pos de una carrera sin correajes ajustados, sus crines cantaban a la libertad de otros tiempos, las pezuñas chapoteaban en un mar de frescura, las briznas de hierba, los tallos verdes quebradizos jaleaban esa carrera con un rumor de margaritas amarillas, parecía fundirse todo en una armonía grasienta, aderezada con aroma a vainilla. Una mariposa se posaba en mi frente y sucumbía a una realidad rota. Despertaba y en ese afán por discernir el horizonte me atrevía a montar sobre las nubes que trotaban al unísono en direcciones contrarias como si el viento hubiese dicho vasta, corred por donde querías. Intentaban zafarme de su lomo brillante, arremetían unas contra otras, formando atronadoras melodías, mudaban el pelo con una velocidad asombrosa y lo que fue blanco se tornaba oscuro. De repente el silencio y me veía bordeando un abismo, rasgando el final de lo que no tuvo principio y solo quedaba el olor de la floresta tras la lluvia. Unas veces dejaba que mis manos tocasen cosas y sin querer las letras corrían, emborronaban paginas, se atropellaban torpes y solo tenia que sacudir un poco ese papel y se ordenaban formando riadas de ideas, estertores de un hueco muerto que retoma vida, era sencillo desdibujar un paisaje, robarle su armonía y truncar ese idilio, para sin esfuerzo emerger de allí como uno nuevo, dibujado in situ, acorde con la realidad creciente. Y cuando escuchaba, el silencio sonaba de tal manera que mirar se hacia pesado...

2 comentarios:

Anónimo

el abrir los ojos y ver el mundo que esta ahi, frente a nosotros, ver los colores, los aromas, los ruidos, ver que se pueden palpar y escribirlos, dejarlos plasmados en letras...

quizas solo hay que redescubrir ese mundo, llenarlos de otros matices, darse cuenta de que sigue ahi, quizas con otros aromas, otras sensaciones, otros encuentros, pero siempre ahi, esperando el mejor momento de ser plasmados...

maria luisa

Daryus

Me gusta lo que dices maría luisa, es muy fácil vivir y dejarse llevar, pero lo sencillo no va conmigo, lo que no requiera un esfuerzo no tiene gracia. Por eso no me conformo con estar en el mundo, me gusta crear mundos cambiantes, a veces diminutos, a veces inmensos que sean capaces de albergar a sus moradores. Por que, que es un mundo? Acaso un mundo no es cada uno de nosotros y las circunstancias que nos rodean? Me gusta pintar esos paisajes, provocar esos sonidos, disfrutar del entorno creado. Besitos