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The Black Rose.-3

Uno no puede escapar de su propia historia

Las estrechas y sombrías calles continuaban abarrotadas, en la entrada de los bares se hacia mas patente si cabe ese deambular tranquilo, ese posicionamiento simpático, como los rebaños que se aúnan en cuanto el primer elemento para. La frescura que esa mañana destilaba, iba perdiendo presteza, el viento del norte tranquilizado ya, dejaba de morder y el sol se imponía como debe ser en julio. Me encontraba satisfecho, podría decirse que eufórico y contagiado en la calle por la alegría reinante me imbuí en la fiesta camino del Gaucho, había quedado para comer y nos iríamos encontrando en los lugares habituales. Tras un refrigerio complicado en el posicionamiento en la barra, y la magnifica croqueta salí hacia el Fitero en la esquina contraria de la descendente y angosta calleja junto a la estafeta. Estaba plagada de gente que parecía haber acampado en el sombrío, vendedoras de abalorios en difícil equilibrio con los que adornar días sin sentido, foráneos despistados con atuendos bakaladeros. Un vistazo rápido cruzando el local hacia la otra puerta, buscando caras conocidas, empujones, saludos y conversaciones afrancesadas me confirmo lo que de refilón me había parecido ver. Frente al espejo, perdida en su propia mirada, la ví, sola, silenciosa, ausente. Sus ojos parecían proyectar una película sobre la brillante y pulida superficie, ajena para todos salvo nosotros dos, sus gestos tornaban, sus delicadas facciones se endurecían, se componían rígidas, sus ojos vidriados parecían querer desbordarse como un mar colérico arremetiendo contra la playa, al fin y al cabo uno no puede escaparse de su propia historia, pensé. No me había visto, permanecía al margen tras el barullo, suponiendo que sus amigas estarían en el baño, o llegando. El tiempo parecía detenido con el trasiego de la gente y su algarabía de fondo, me sentí mal por ella, me sentí mal por la incertidumbre que reflejaba su rostro, me sentí mal por permanecer allí parado sin hacer nada, me sentí mal por haber estado en el Eslava, me sentí mal en general, pero mi yo se sobreponía con rapidez desechando ese sentimiento negativo y recordando el placer pasado momentos antes. Sus amigas no aparecieron y su cara volvía a destensarse, a adquirir esas facciones suaves dentro del marco rígido, sus ojos se suavizaron y su mirada fue diluyéndose con el claro del día. Se le acerco un grupo de jóvenes que saltaban y bailaban, haciendo el tonto jaleados por el alcohol y el contagio colectivo de la fiesta, Lucian cigarrillos apagados en los orificios de la cara, uno en la nariz, otros en las orejas, reían, cantaban arremetiendo contra el personal que bebía placidamente en la hora del aperitivo. La vi sonreír, reírse abiertamente y ese nubarrón que le servia de antifaz se disipo por completo, volvía a brillar serena, se deshizo de las manos que querían apoderarse de su cuerpo y rompió el cerco a que la habían sometido entre carcajadas. Se dio de bruces conmigo, movió las manos intentando apartarme hasta que miro mi cara, su gesto torno de nuevo cuando me reconoció, se entrecorto la carcajada ante mi seria mirada, sonreí, reí, dándole pie a que continuase inmersa en ese momento de felicidad que disfrutaba. La sujete por la cintura con mis manos, se abrazo a mi mientras continuaba riéndose, note sus gestos sin verlos, me satisfizo, rocé sus labios con mis labios, un roce tenue que la devolvió a la tierra, un acto que intentaba esquivar, y se debatía en aceptarlo o rechazarlo. Me susurró; un beso no, por favor, un beso no Señor, aun no y permaneció quieta mientras la llevaba en volandas y nos aproximábamos a la barra....




P.D. Pocas veces utilizo en el blog fotos de gente conocida, unas cuantas si que hay, pero no se ven las caras. Las de esta historia permanecerán unos pocos días, tienen fechas de caducidad, después las cambiare por motivos obvios.

4 comentarios:

algamarina

Encantador relato, va despertando la ansiedad a medida que se avanza en su lectura... Culmina próximo a la completa excitación...

Mis respetos...

Anónimo

bien señor, se que lo mejor de esta historia esta por venir...aqui me quedo sentadita y atenta a la continuacion de esto...

saluditos señor

maria luisa

Daryus

Un pequeño recuerdo algamarina, pequeño como las grandes copsas que se sienten, y espero que si que culmine ;)) un beso

Daryus

Como debe ser maria luisa, lo mejor siempre esta por llegar, eso nos impide anclarnos en el pasado. Besitos